SAN GERARDO MARIA MAYELA PROTECTOR DEL SEMINARIO

Nació en Muro, ciudad pequeña del reino de Nápoles, el 23 de abril de 1726. Sus padres eran pobres pero fervorosos cristianos. La vida entera de este glorioso santo está llena de milagros, profecías y éxtasis que hasta parece que el Señor quiso hacer de él (en un siglo en el que la fe iba rápidamente disminuyendo) maravillosa ostentación, tanto de su poder como de las virtudes extraordinarias que es capaz la pobre naturaleza humana, cuando es ayudada por la Gracia Divina.

Cuando Gerardo era niño, el Niño Jesús juega con él y le regala panecillos misteriosos; la Virgen Santísima le habla y le sonríe; el Arcángel Miguel le da su Primera Comunión y hasta Jesús Sacramentado sale del tabernáculo y le comulga con sus divinas manos.

En años de juventud, para atender las necesidades de la familia, Gerardo toma el oficio de sastre. A los 22 años ingresó como Hermano Coadjutor en la congregación del Santísimo Redentor que acababa de fundar San Alfonso María de Ligorio. Se desempeñó en diversos conventos humildes como sastre, jardinero, sacristán, portero y enfermero, dando siempre en todos ellos pruebas de las más eminentes virtudes. Solía acompañar a los hermanos en las Santas Misiones. Hacía milagros con tanta frecuencia que por todas partes le llamaban ´el santo, el que hace milagros´.

A la edad de 29 años, agotadas sus fuerzas por la tisis que le venía consumiendo, murió con la muerte tranquila de los santos, en el convento de Caposele, la madrugada del 16 de octubre de 1755. Por los grandes y  multiplicados portentos que en vida obró, le han llamado los historiadores Taumaturgo del siglo XVIII. Lo beatificó S.S. León XIII, el 29 de enero de 1893 y desde entonces se extendió rápidamente por todo el mundo su devoción, especialmente en Bélgica. Su solemne canonización fue verificada el día 11 de diciembre de 1904 por S. S. Pío X.

SUS MILAGROS

Así como San Blas es abogado de las enfermedades de la garganta, San Roque contra la peste y San Antonio  de Padua de las cosas perdidas, San Gerardo es protector de todo, pero especialmente de las madres en el momento de dar a luz. Los milagros que su favor ha hecho son innumerables.

En 1795, una señora joven de Benevento, al dar a luz, se puso tan grave que los médicos nos daban esperanza alguna de vida. En ese momento desesperado, la madre mandó que le trajeran una estampa  del Hermano Gerardo y se la puso sobre la cabeza. La noche siguiente se le apareció el santo vestido de Redentorista y le dijo: ´ANIMO, YA ESTAS CURADA´. En efecto, al llegar los médicos encontraron a hijo y madre completamente sanos.

En 1850 vivía en Francavilla Fontana, en Italia, una señora llamada Úrsula Solito quien empezó a sentir extraños y agudos dolores en la frente. Los médicos descubrieron un tumor duro en el hueso: era un cáncer; y declararon que no se podía hacer nada sin acelerar la muerte de la señora. Una amiga de la familia buscó la estampa del Hermano Gerardo y la colocó entre los pliegues de la venda que la moribunda tenía en la cabeza y luego rezaron  las letanías a la Virgen y algunas oraciones a San Gerardo. Casi de inmediato, Úrsula se sentó en el lecho diciendo que había sentido una fuerte sacudida y un agudísimo dolor. Al día siguiente los médicos hallaron a Úrsula sin dolores, contenta y sin fiebre. Quitaron las vendas y vieron que el terrible cáncer había desaparecido sin dejar más rastro que una mancha rosada. Los médicos declararon unánimemente que el suceso era milagroso. Este hecho fue uno de los presentados y aprobados para la causa de Beatificación.

El 29 de enero de 1893, el mismo día de su beatificación, entró la concurrencia después del rito a venerar las reliquias de nuevo beato. Augusto Scarpellini, subido en lo alto de una escalera encendía las candelas de las magníficas arañas que alumbraban la imagen del beato cuando de repente, se oye un ruido de cristales que chocan y se quiebran. Scarpellini perdió el equilibrio y empezó a caer cabeza abajo. En ese instante un grito sale del pecho de todos los asistentes: ¨Santo, Santo Gerardo¨. El hombre en lugar de caer en línea recta al piso, como si una mano le hubiera empujado por los aires, fue a caer sentado en el sofá de una tribuna, totalmente ileso. Pocos momentos después, S.S. León XIII entró para venerar las reliquias del santo y darle gracias por el milagro que acababa de obrar.

ORACIÓN

¡Oh Dios! que al bienaventurado Gerardo quisiste traer a Ti desde su más tierna edad y hacerlo imagen viva de Tu hijo Crucificado; concédenos, te suplicamos, que siguiendo sus ejemplos, también nosotros seamos transformados en ese divino modelo. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor, que vive y reina contigo, por los siglos de los siglos. Amen.

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